domingo, 29 de mayo de 2016

DISCLAIMER



Desde hace un tiempo que éste no es mi blog personal. El actual es El patio baldío (clickear). 

 En este blog empecé como liberal clásico y a la vez conservador del tipo riddens (liberal-conservador pero en modo sincrético) y economicista pro-capitalista, luego pasando brevemente por una posición filo neocon o sea neo-libertarian, y luego por una posición propietarista-privatista que, aunque ingeniosa, significaba que había tocado fondo (hasta un randiano se daba cuenta que la propiedad privada en su forma burguesa necesariamente requiere un espacio público para que se articule), y, entonces, desde ahí, releí a Hayek y me dí cuenta que él mismo, aunque su posición era mucho más madura, solucionaba el problema pero revelaba al mercado y la propiedad modernos como lo opuesto a un espacio de libertad individual respecto a la sociedad misma (eso se puede encontrar en mi muy breve reseña de Derecho, legislación y libertad, aquí mismo), dándome cuenta que eso significaba un bombazo a la idea propietarista; esa idea ruin de que uno se asocia a la sociedad de mercado desde una posición de autonomía económica, en vez desde condiciones generadas por la misma a todos de antemano, como mostraba el austríaco. 

Descubrir que el capitalismo era como un organismo, y que sus relaciones se realizaban a través de las personas y no a la inversa, no me causó mucha gracia: como bien explicaba Sartori, lo que hacía Hayek era repetir la observación de Marx pero idealizada: o sea, lo "bueno" que se supone es la racionalidad instrumental compulsiva de vivir dentro de un colectivismo espontáneo articulado con decisiones individualistas, de un hormiguero tiránico pero sin reina, integrado por cucarachas que lo conforman buscando su propio beneficio solitario como el panadero de Adam Smith. Casi al mismo tiempo leí a Nisbet y Bauman, y luego entre los clásicos, a Durkheim y Weber. Y ahí me bajé del trencito neoliberal y sus múltiples sectas endogámicas. 

Volví hacia una posición más matizada, conservando el radicalismo anti-estatista pero virando hacia posiciones anti-capitalistas a la vez, todo hasta llegar a un paleoconservadorismo combinado con un liberalismo crítico o "triste" (Gambescia dixit) para el 2012. Ya en 2014 me dí cuenta que me había hecho comunista... no, chiste, casi... en realidad me había dado cuenta que las defensas cabales y más sofisticadas de la propiedad privada (no Locke, sino Spencer, comprendido por Parsons) y de la propiedad común (no Babeuf, sino Marx, redescubierto por Rubin) eran mucho más complejas y que se entrecruzaban mutuamente en soluciones superadoras, así que me interioricé bastante en ese punto. Me dí cuenta que ya no tenía nada que hacer con este blog e intenté hacer uno más personal y menos estúpidamente partisano. Así que no hice uno que se llamara "Propiedad comunal" o algo así, pero dije ¿cómo expresar la idea y a la vez cómo me siento? La respuesta vino sola: "El patio baldío". Sabía que no podía recuperar el tiempo perdido, pero sí al menos algo de dignidad. Quizás, cuando me sienta mejor (todavía no lo logro) lo llame "El jardín secreto", pero con ese nombre me imagino enredaderas cubriendo estatuas y estanques de un bello patio arbolado, con música de The Cure sonando de fondo. Quizás debería entonces llamarle "Paraíso perdido", pero sería una referencia confusa: no fue realmente beatífica mi visión del mundillo liberal. Quizás el paraíso sea precisamente la comunidad que añoraba y sentía antes que la gente internalizara el individualismo atomizado que esos mismos liberales apologizan en sus comunidades psicopáticos. En fin...

Mis disculpas por la conversión. Trataré de que no se repita muy seguido.